Ella siempre sonreía

Ella siempre sonreía

El pasado 3 de julio, tras seis años de una terrible enfermedad que la dejó atrapada en un cuerpo inservible, el corazón de mi madre dejó de latir.

Aunque estoy en paz, la sensación es como de aire. Me he quedado sin suelo bajo los pies y echo de menos esas raíces tan profundas que me regaló en forma de risas, de amor y de apoyo incondicional. Pero sé que están ahí, porque son lo más valioso que tengo.

Quise leer las siguientes líneas en su funeral, para llenar aquel frío espacio de su presencia y de su luz. Espero haberlo conseguido:

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